Escribe tu correo electrónico:

lunes 22 de febrero de 2010

Un brindis al sol

Esto del autoempleo está resultado, la verdad, una gran experiencia. No es perfecto. Nada en la vida lo es. Pero tiene sus partes agradables. De repente estoy disfrutando de nuevo de la tranquilidad de recorrer la red a diario para ver todo lo que se cuenta por ahí de unas y otras cosillas y eso es realmente gratificante.

Menos grato es el entumecimiento que produce estar todo el día en casa. Pero supongo que eso cambiará en cuanto cierre un par de contratos y pueda abrir mi propia oficina.

De momento, me conformo con desperezarme de vez en cuando dando un paseo por la calle, viendo tiendas o tomando un café al aire libre en la plazoleta cercana a casa.

Hoy me siento bien. Ha sido un gran día. He cubierto prácticamente todos los objetivos que me había marcado y es muy reconfortante irse a la cama con la sensación de estar en el camino correcto. Espero no equivocarme y no encontrar en el camino piedras que no pueda saltar o sortear.

Así que, ahí va un brindis con vino de la tierra de mis padres para que los días sigan siendo maravillosos.

Nos leemos, amigos.

sábado 20 de febrero de 2010

Un sueño

Hace unos días tuve un extraño sueño. Es la segunda vez en mi vida que sueño algo así. Soñé que estaba intenda y profundamente enamorada de un hombre al que conocía en mi sueño, pero al cual no conozco en la vida real. La sensación era tan fuerte, tan invasiva, tan real, que aún no puedo creer que fuera un sueño.

Como digo, es la segunda vez en mi vida que me ocurre. La primera fue hace unos diez años, el verano antes de marcharme de mi tierra para siempre. Nunca he vuelto a vivir allí. En aquel entonces el sueño se desarrollaba en una especie de secta. Estaba en algo como un templo sagrado, con varias plantas que bajaban escalonadas hacia un pequeño valle en el que se agolpaba mucha gente vistiendo unas túnicas naranjas.

Yo estaba allí, en aquel valle y junto a mí había un chico joven, más o menos de mi edad. Tenía una cara muy bonita, muy lisa, muy agradable, y el pelo corto y negro. No recuerdo mucho los detalles pero sí las sensaciones. Primero, la sensación de pánico por el lugar en el que me encontraba, y luego, la huída, de la mano de aquel joven al que no había ni he visto en mi vida. Y la sensación de amor profundo, de agradecimiento, de entrega, cuando logramos salir de aquel sitio y huir.

Esta vez el sueño no se parecía en nada al primero salvo por la sensación. No sé exáctamente dónde me encontraba, porque parecía que me encontraba en muchos sitios a la vez. De hecho, el recuerdo del sueño parece más bien el recuerdo de muchos momentos con un denominador común: un hombre. Un hombre joven, guapo, enérgico, fuerte, del que estaba profundamente enamorada. Parece que el sueño hubiese sido un bucle de recuerdos junto a ese hombre al que no conozco y que tampoco se parece al del primer sueño. Este era algo mayor, con el pelo ligeramente largo y no recuerdo bien sus facciones, sólo recuerdo el sentimiento que me producía... Sólo recuerdo que le amaba, que a su lado me sentía fuerte y protegida, que le admiraba profundamente, que me impresionaba su forma de ser. De los detalles tan sólo recuerdo que era sindicalista y que, según mi sueño, nos habíamos conocido hacía años en una negociación de empresa en otra ciudad, en la que nunca he estado. Soñé que nos reencontrábamos y que iniciábamos juntos una batalla sindical, pero no sé por qué, ni con quién ni contra qué empresa. Sólo recuerdo la sensación de ir de la mano hacia un objetivo digno y la satisfacción de tenerle a mi lado. Fue mágico. Precioso. Y tan real e irreal al mismo tiempo que tan sólo, como en aquella primera ocasión, puedo pensar en volverme a dormir y ver algo más, saber quién era ese chico y qué significado tiene ese sueño...

Qué extraño, ¿verdad?

miércoles 17 de febrero de 2010

Lo que soy

"Ser adulto consiste en saber quién eres y en tener el valor de ser esa persona". Gran frase, ¿verdad? La acabo de escuchar en una serie. No sé si os he dicho que soy fanática de las series de televisión, aunque nunca las veo en televisión, sólo por Internet. Hoy he descubierto una: Being Erica y, la verdad, ha sido toda una revelación. Podría decirse que es como un libro de autoayuda, escrito especialmente para mí y traducido a serie...

El caso es que hoy ha sido un día intenso. ¿Leísteis mi última entrada? Sí, ésa en la que me preguntaba si iniciar una vida sin amor pero con comprensión y cariño con mi mejor amigo era una opción. Pues creo que encontré la respuesta yo sola: No. No es una opción. Y no lo es, no porque no pueda ser una buena opción para otras personas. No lo es porque no es una buena opción para mí. Porque yo no soy así. Yo no estoy hecha para una relación sin amor. Y sí, es cierto que ya no soy la niña de 20 años ingenua que cree en el amor a primera vista y que lucha con uñas y dientes por conservarlo. De ser aún esa niña, al igual mi ruptura con Juan habría sido mucho más abrupta. Pero sí sigo creyendo que si no me levanta dos palmos del suelo con una mirada, no merece la pena inciar una relación, por muy cómoda que sea y por mucho miedo que tenga a quedarme sola.

Hoy también he descubierto otra cosa. Que no soy de hielo. Aunque creo que eso ya lo sabía pero pretendía olvidarlo.

Hoy es el cumpleaños de Juan y, la verdad, me moría de ganas de hablar con él, de oir su voz y... Sí, ¿por qué no puedo reconocerlo? Me moría de ganas de intentar un nuevo acercamiento tras dos meses de silencio tenso. No sé qué quería exactamente conseguir con esa llamada. No sé si quería pensar que podíamos ser amigos o si quería demostrárselo a él como parte de mi pequeña vendeta por hacerme sufrir por primera vez el rechazo tan tajante de alguien. Hoy caí en la cuenta de ello también: Juan ha sido la primera persona en mi vida que me ha dejado realmente.

He tenido novietes de un mes o dos que han acabado dejándome. Concretamente uno, que yo recuerde. Y de hecho lo pasé fatal, no por perderle, pues la verdad es que yo tampoco estaba enamorada de él, sino porque fuera él quien me dejara.

Es curioso. Me paso la vida quejándome de que nadie me ha querido nunca realmente y hoy vengo a abrir los ojos y a descubrir que eso no es cierto. Que simplemente es posible que no me hayan salido bien las cosas en la vida, es posible que me haya equivocado de hombres o de momentos, pero sí me han querido. Y mucho. Joshua, mi primer novio, sufrió muchísimo cuando le dejé y, de hecho, hoy en día sigo notando en su voz ese deje de dolor cuando habla conmigo.

Y Alberto. Él me amó como nadie me ha amado. No funcionó, es cierto. Nunca llegó a funcionar porque ninguno de los dos teníamos la cabeza en el sitio adecuado para que nos funcionara nada en la vida. Pero me quiso. Me quiso muchísimo. Tanto como yo a él.

Y Jota. Vamos, él también me quiso. No fue un amor intenso, ni pasional, ni desgarrador. Pero hubo mucho amor. Hubo casi cuatro años de amor, de cariño, de complicidad... Y, vamos, fui yo quien le dejé porque nos habíamos convertido en hermanos. Y él estuvo de acuerdo, sí, pero fui yo quien dio el paso. Como lo hice con Joshua en su momento y como lo hice con Alberto meses antes de que muriera para decidir quedarme con Jota. Ellos fueron los que tuvieron que sufrir verme con otros poco tiempo después de que lo dejáramos. ¿Y qué se yo si lloraron? De hecho, es probable que lo hicieran.

Ahora me toca a mí. Sí. Cuando llamé a Juan para felicitarle estaba saliendo de un restaurante y estaba con una mujer. No sé quién es ni si van en serio o no. Pero estaba con una mujer, porque oí el taconeo caminando a su lado y noté la tensión en su voz mientras hablábamos. Y recordé esa misma tensión en su voz en una situación idéntica hace justo un año, cuando otra ex novia le llamó para felicitarle por su cumpleaños mientras salíamos del restaurante al que habíamos ido a celebrarlo juntos.

Así que, sí, hoy me tocó a mí llorar y sentirme decepcionada y frustrada y sola... Y me tocó a mí preguntarme por qué con otra y conmigo no.

Pero entonces, seguí viendo esta serie a la que me había enganchado hacía tan solo unas horas y me di cuenta de que, vamos, no puedo ser tan egocéntrica ni egoista. Sí, hoy me toca sufrir a mí. Me toca sentir el dolor de ver a quien he amado tanto iniciar una vida lejos de mí. Me toca aguantarme la quemazón en el estómago, la rabia, las lágrimas. Pero en otros momentos les tocó a otros sentir eso mismo por mi culpa.

Y sé que aunque ahora lo vea todo negro y me sienta sola y triste y falta de cariño, no es motivo suficiente para conformarme ni para dejarme caer. Sí, Juan me dejó. Me dejó porque se dio cuenta de que no podía amar a alguien como yo. No podía amar a una mujer que pone por delante el trabajo en su vida y desatiende tantos otros aspectos importantes. No podía amar a una mujer desordenada y caótica como soy yo. Pero eso no significa que nadie pueda amarme tal como soy. Y aunque haya mil cosas de mí que no me gusten, habrá quinientas al menos que no podré cambiar y con las que voy a tener que vivir. Por lo tanto, tendré que aprender a quererme tal y como soy, a asumir la parte de mí que es inmutable, quererla de ese modo y confiar en que habrá otras personas en este mundo, como las ha habido antes, que también serán capaces de quererme así.

En definitiva, hoy ha sido un día pésimo. Pero es de los días pésimos de los que más se aprende, ¿o no?

lunes 15 de febrero de 2010

¿Es una opción?

¿Es Richard una opción? Sí, Richard, mi mejor amigo... El que me ha aguantado tantas y tantas veces mis lloros, mis cambios de humor, mis cambios de vida... ¿Es una opción plantearse una relación con tu mejor amigo? ¿Lo es aún sabiendo que no le amas ni le vas a amar nunca? Dios, no lo sé... El caso es que me he acostado con él. Lo llevo haciendo unas semanas. Y funcionamos medianamente bien en la cama, no hay quejas en ese sentido. No será nunca como era estar en los brazos de Juan, ni por supuesto se acercará siquiera de lejos a lo que era sentirme en los brazos de Alberto... Pero, ¿realmente volveré a sentirme así con alguien?

Esta semana, que la he pasado en el pueblo, en mi pueblo, ese que está lleno de recuerdos y de fantasmas, he estado pensando en Alberto, en cómo era cuando me enamoré de él y en cómo soy hoy en día... Y he cambiado tanto desde entonces...

Ya hace diez años que le conocí y me enamoré de él... Por aquel entonces yo era una romántica sin remedio, dispuesta a morir por amor si era necesario. Él no. Él por entonces tenía unos pocos años menos que yo ahora mismo, y tantas decepciones en la maleta como acumulo yo a día de hoy. Y no. No estaba dispuesto a morir por amor... Aunque murió... No sé si por amor o por pena o por mala suerte o porque era el destino... El caso es que murió amándome mientras yo trataba de olvidarle sin suerte.

Hoy echo la vista atrás y me veo a través de sus ojos. Me veo como una niña ingenua e inocente que aún no ha sufrido lo suficiente como para descubrir que el amor es casi imposible de encontrar ... y menos dos veces.

No. No sería capaz hoy en día de volver a amar como entonces. Y lo peor es que no sé si merece la pena esperar por el amor cuando ya se tiene esta sensación, cuando ya sabes que nunca será enteramente intenso, cuando ya te has decepcionado tanto en la vida que no crees que merezcan la pena demasiadas cosas en esta vida.

Y ante este pensamiento... ¿Es la amistad una opción de vida en pareja? Cómodo es, sin duda. Con Richard no hay angustias, ni miedos, ni incertidumbres, ni celos... Obviamente tampoco hay desenfreno ni pasión desbocada, no sería jamás posible aquella intensidad de los 20. No sería posible siquiera la intensidad con la que viví a Juan. Porque con Juan, como con Alberto, tenía que estar continuamente haciendo méritos para ser amada. Mientras, con Richard, no pretendo siquiera ser amada. Me conformo con esta amistad tranquila, con la dedicación que siempre me ha profesado y con las pasiones disfrazadas con sábanas en la oscuridad, que no precisan de rostros ni de belleza.

No sé. No sé si es demasiado pronto para renunciar a aquel amor pasional y enérgico que me movía a los 20 años a cambio de una relación tranquila y duradera, tan llena de silencios como de compañías... Quizás, teniendo en cuenta que lo único que me mueve a día de hoy a mantener una relación es la maternidad, Richard sí pueda ser una opción...

¿Qué opinan?

domingo 14 de febrero de 2010

Al fin, en el camino

Aquí estamos, como dice la canción, abriendo puertas y cerrando heridas. Mi vida ha tomado un nuevo e incierto rumbo en los últimos meses. Me he divorciado de mi trabajo y casi casi de mi profesión para tratar de abrirme camino por mi cuenta, como empresaria, en esta nueva faceta de mi vida.

Con algo de miedo y mucha ilusión, estoy empezando por fin, o al menos eso creo, a tomar las riendas de mi propia vida. ¿Saben qué? Cada vez que mi vida da un giro, que son muchas las veces que eso ha ocurrido hasta ahora, algo en mi interior, en la boca del estómago, por debajo del esófago, me dice si ese camino es el bueno o es el erróneo. Así ha sido siempre, aunque no siempre y por desgracia le he hecho caso a esa sensación.

En mi última andadura laboral, ese resquemor interno me indicasba que me equivocaba, que ese no iba a ser el camino defintivo, aunque la razón ganó la batalla con el argumento de que era el único sendero posible. Y no me arrepiento. Era necesario e imperativo tomar aquel camino porque del aire nadie come. Pero acabó. Al fin, acabó. Y no me quejo porque a pesar de que no era el camino, reconozco que su recorrido me ha servido para rellenar de muchos y buenos frutos la cesta de los conocimientos, las aptitudes, las habilidades y los contactos.

Ahora la cesta está llena. Llenita de las herramientas necesarias para dejar de caminar por sendas marcadas y empezar a trazar mi propia carretera, mi propia vía por la que caminar sin prisas pero sin calma, con la frente alta y limpia, con las botas puestas para andar por piedras y riscos, y con el firme convencimiento de que lograré convertir este pedregal que tengo frente a mí en una autopista hacia la felicidad y la autorealización.

Es eso lo que me dicen mis entrañas. Me dicen que lo que me espera será duro, será difícil y que muchas veces el camino me llevará a escalar montañas escarpadas. Pero me dice que es el camino, que este sí es el camino. El camino de mi vida.

Y yo creo que es verdad. ¿Y ustedes?

lunes 12 de octubre de 2009

Decisión y contra-decisión

¿Qué es lo que pasa conmigo? ¿Soy tonta? ¿No escarmiento? ¿O es que soy masoquista? Sí, he vuelto a acostarme con Juan. Pero no ha sido una simple recaída y ya está... No hemos dejado de acostarnos desde que lo dejamos. Cada vez que viene a la ciudad hay una buena excusa para vernos... Tomamos algo y... Y si le digo que no, si alguna vez cojo fuerzas y le digo que no, me llama cuando acaba la juerga con sus amigos, a eso de las seis de la madrugada, y yo, no es que no le diga que no, es que ni siquiera le dejo preguntar y ya le estoy abriendo la puerta y (como dice mi amigo Richard) las piernas...

La semana pasada intenté plantarme. Soy muy valiente y muy sensata yo hablando por teléfono. Estaba enfadada porque el domingo pasado habíamos quedado, porque tenía que darme unos papeles para el abogado del sindicato y no apareció. Entonces me dijo que no había quedado conmigo porque me veía muy insistente y que tiene miedo de que yo piense que vamos a volver. Entré en cólera. No le dije nada en ese momento, pero entré en cólera.

Un par de minutos más tarde le reenvié el mensaje de texto que me había mandado él al móvil ese sábado. Mi tía y mi prima estaban quedándose en casa y él lo sabía. "Qué pena que estés acompañada, me apetecía mucho que jugáramos esta noche", fue lo que me mandó a las cinco de la mañana del sábado. En mi mensaje le recordaba estas palabras y le decía que no se le ocurriera volverme a escribir algo así si luego iba a venirme con la monserga de que no quiere que yo me haga ilusiones...

Estaba indignada. Al día siguiente hablamos por teléfono. Temas laborales. Y al final de la conversación volvió a surgir el tema. Le dije que si quería que siguiéramos manteniendo una relación cordial, por el bien de nuestras amistades comunes y el resto de cosas que nos unen, que me dejara ya seguir mi vida. Me prometió que lo haría.

Este sábado me llamó para pasar por casa a dejar los papeles que no me había dado el domingo anterior. Subió un momento, me explicó cada cosa y nos fuimos porque a ambos nos esperaban. Un rato después coincidíamos en el mismo concierto. Se quedó un rato en los alrededores hablando con nuestro antiguo jefe y saludando. Poco después se fue con sus amigos y no nos volvimos a ver. Yo fui a mis sitios de siempre y él a los suyos...

Cuatro cubatas más tarde, aburrida como una ostra entre sorbo y sorbo, y rodeada de cuatro parejitas de amigos, la idiotez fue más fuerte que yo. Y le mandé un mensaje. Simple, claro y totalmente masoquista: "Pásate luego por casa".

A las cinco de la mañana, cuando ya estaba pagando en el local para irme a casa, sonó el teléfono. "¿Estás segura del mensaje?". "No me hagas pensar y vente, sí". Diez minutos después estábamos enganchados. Y, como siempre, me hizo ver las estrellas...

Creo que es uno de los mayores problemas que tengo para desengancharme de él... Es extremadamente bueno en la cama. El mejor que he conocido en mi vida. El sexo con él son horas y horas de subir bajar, a un lado, al otro, en el sofá, en la mesa, en la cama, en el suelo, de pie...

Por la mañana se fue. No recuerdo siquiera que hora era. Creo que aún estaba borracha. Sólo recuerdo que le di un beso y farfullé un "te quiero" entre las sábanas.

No volvimos a hablar hasta hoy. Y la conversación fue tan aséptica como amistosa.

¿Será cuestión de sexo lo que me ocurre con él? He llegado a pensarlo. Que quizás no es amor... Siempre tuve dudas de que lo fuera, al fin y al cabo... ¿No será sólo sexo? Una pasión de esas que te enganchan como si fueran una droga y no puedes desprenderte de ellas...

El caso es que, por mucho que quiera cerrar esta historia, por mucho que me diga a mí misma que tengo que pasar página, que tengo que olvidarme, seguir adelante y, sí, ¿por qué no? Tirarme a otro lo antes posible... Por mucho que lo tenga claro, no lo consigo.

Me decía por aquí el amigo "amor" en un comentario que cuando uno toma una decisión es porque es la mejor decisión posible. Pero, ¿cuál era la decisión buena? ¿La que tomé cuando decidí decirle que no me buscara más sexualmente? ¿O la que tomé un par de días después cuando le invité una vez más a venir a casa?...

Supongo que el problema radica precisamente en que no fui yo quien tomó la decisión de que esta relación terminara... Y siempre he sido bastante difícil para asumir que otros tengan la última palabra...

Nos seguimos leyendo...

viernes 25 de septiembre de 2009

Nueve años

Los fantasmas, la telepatía, los presentimientos, el amor a primera vista... Son esas cosas en las que la mayoría de la gente dice no creer, incluida yo. Yo misma niego la mayor al hablar de todos estos extraños fenómenos con desconocidos. Lo hago a pesar de tener la absoluta constancia de que son reales...

Hoy hace nueve años que descubrí uno de ellos: el flechazo, el amor a primera vista. Hoy hace nueve años que se abrió ante mí aquella puerta blanca con el pomo dorado y surgió detrás de ella aquella sonrisa brillante, aquellos ojos hipnóticos, aquella luz que lo inundó todo... Hoy hace nueve años que sentí que me daba un vuelco el corazón... Nueve años desde que le miré a los ojos y le dije "me quedo", sin haber siquiera mirado a mi alrededor para saber dónde y con quién me estaba quedando...

No sé por qué me he acordado de que hoy hace nueve años que conocí a Alberto... No suelo recordar esta fecha... Suelo acordarme del día de su cumpleaños y también del día de su muerte...

Este año también los he recordado pero he conseguido pasar por dichas fechas sin la pesadumbre de otros años. Sin embargo, sabe dios por qué, es éste el día que me ha conmovido... Y eso que no supe que se trataba de este día hasta que ya llevaba más de media hora llorando y hablando con él, recordando momentos, pidiéndole perdón por mi cobardía, por no haber sabido enfrentar mis miedos a tiempo, por no haber confiado en todos estos sentimientos que aún perduran y que me arrastraron durante tantos años hacia él una y otra vez...

Hoy hace nueve años que mi vida cambió para siempre, que se rompió el timón de este barco, que se movieron los cimientos de mi mundo... Y aún no he vuelto a pisar firme desde entonces...

Cuántas cosas habrían cambiado si cuando tres años y seis meses después el destino me puso en el brete de decidir entre la lógica y el corazón me hubiera decantado por el último... Quizás fue aquella la primera vez en mi vida que dejé que mi razón tomara el mando de mis decisiones... Probablemente fue la mayor equivocación de mi vida... Y probablemente esa decisión no sólo cambió mi destino, sino también truncó el suyo...

Pero eso nunca lo sabremos, ¿verdad?

Supongo que lo que conocí hace hoy nueve años sirvió al menos para mostrarme, al menos sólo para mí y para mis más cercano, que en la vida no todo es aquello que vemos; que el amor a primera vista existe, como existe a veces una conexión entre los seres humanos que va más allá de las leyes de la física, como es posible que uno sienta la muerte de un ser profundamente querido mucho antes de tener un conocimiento real de la misma, como es posible que los que amamos nos amen incluso después de muertos...

Quizás algún día sirva para algo haber descubierto todo esto...

Gracias por leer amigos...