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lunes 12 de octubre de 2009

Decisión y contra-decisión

¿Qué es lo que pasa conmigo? ¿Soy tonta? ¿No escarmiento? ¿O es que soy masoquista? Sí, he vuelto a acostarme con Juan. Pero no ha sido una simple recaída y ya está... No hemos dejado de acostarnos desde que lo dejamos. Cada vez que viene a la ciudad hay una buena excusa para vernos... Tomamos algo y... Y si le digo que no, si alguna vez cojo fuerzas y le digo que no, me llama cuando acaba la juerga con sus amigos, a eso de las seis de la madrugada, y yo, no es que no le diga que no, es que ni siquiera le dejo preguntar y ya le estoy abriendo la puerta y (como dice mi amigo Richard) las piernas...

La semana pasada intenté plantarme. Soy muy valiente y muy sensata yo hablando por teléfono. Estaba enfadada porque el domingo pasado habíamos quedado, porque tenía que darme unos papeles para el abogado del sindicato y no apareció. Entonces me dijo que no había quedado conmigo porque me veía muy insistente y que tiene miedo de que yo piense que vamos a volver. Entré en cólera. No le dije nada en ese momento, pero entré en cólera.

Un par de minutos más tarde le reenvié el mensaje de texto que me había mandado él al móvil ese sábado. Mi tía y mi prima estaban quedándose en casa y él lo sabía. "Qué pena que estés acompañada, me apetecía mucho que jugáramos esta noche", fue lo que me mandó a las cinco de la mañana del sábado. En mi mensaje le recordaba estas palabras y le decía que no se le ocurriera volverme a escribir algo así si luego iba a venirme con la monserga de que no quiere que yo me haga ilusiones...

Estaba indignada. Al día siguiente hablamos por teléfono. Temas laborales. Y al final de la conversación volvió a surgir el tema. Le dije que si quería que siguiéramos manteniendo una relación cordial, por el bien de nuestras amistades comunes y el resto de cosas que nos unen, que me dejara ya seguir mi vida. Me prometió que lo haría.

Este sábado me llamó para pasar por casa a dejar los papeles que no me había dado el domingo anterior. Subió un momento, me explicó cada cosa y nos fuimos porque a ambos nos esperaban. Un rato después coincidíamos en el mismo concierto. Se quedó un rato en los alrededores hablando con nuestro antiguo jefe y saludando. Poco después se fue con sus amigos y no nos volvimos a ver. Yo fui a mis sitios de siempre y él a los suyos...

Cuatro cubatas más tarde, aburrida como una ostra entre sorbo y sorbo, y rodeada de cuatro parejitas de amigos, la idiotez fue más fuerte que yo. Y le mandé un mensaje. Simple, claro y totalmente masoquista: "Pásate luego por casa".

A las cinco de la mañana, cuando ya estaba pagando en el local para irme a casa, sonó el teléfono. "¿Estás segura del mensaje?". "No me hagas pensar y vente, sí". Diez minutos después estábamos enganchados. Y, como siempre, me hizo ver las estrellas...

Creo que es uno de los mayores problemas que tengo para desengancharme de él... Es extremadamente bueno en la cama. El mejor que he conocido en mi vida. El sexo con él son horas y horas de subir bajar, a un lado, al otro, en el sofá, en la mesa, en la cama, en el suelo, de pie...

Por la mañana se fue. No recuerdo siquiera que hora era. Creo que aún estaba borracha. Sólo recuerdo que le di un beso y farfullé un "te quiero" entre las sábanas.

No volvimos a hablar hasta hoy. Y la conversación fue tan aséptica como amistosa.

¿Será cuestión de sexo lo que me ocurre con él? He llegado a pensarlo. Que quizás no es amor... Siempre tuve dudas de que lo fuera, al fin y al cabo... ¿No será sólo sexo? Una pasión de esas que te enganchan como si fueran una droga y no puedes desprenderte de ellas...

El caso es que, por mucho que quiera cerrar esta historia, por mucho que me diga a mí misma que tengo que pasar página, que tengo que olvidarme, seguir adelante y, sí, ¿por qué no? Tirarme a otro lo antes posible... Por mucho que lo tenga claro, no lo consigo.

Me decía por aquí el amigo "amor" en un comentario que cuando uno toma una decisión es porque es la mejor decisión posible. Pero, ¿cuál era la decisión buena? ¿La que tomé cuando decidí decirle que no me buscara más sexualmente? ¿O la que tomé un par de días después cuando le invité una vez más a venir a casa?...

Supongo que el problema radica precisamente en que no fui yo quien tomó la decisión de que esta relación terminara... Y siempre he sido bastante difícil para asumir que otros tengan la última palabra...

Nos seguimos leyendo...

viernes 25 de septiembre de 2009

Nueve años

Los fantasmas, la telepatía, los presentimientos, el amor a primera vista... Son esas cosas en las que la mayoría de la gente dice no creer, incluida yo. Yo misma niego la mayor al hablar de todos estos extraños fenómenos con desconocidos. Lo hago a pesar de tener la absoluta constancia de que son reales...

Hoy hace nueve años que descubrí uno de ellos: el flechazo, el amor a primera vista. Hoy hace nueve años que se abrió ante mí aquella puerta blanca con el pomo dorado y surgió detrás de ella aquella sonrisa brillante, aquellos ojos hipnóticos, aquella luz que lo inundó todo... Hoy hace nueve años que sentí que me daba un vuelco el corazón... Nueve años desde que le miré a los ojos y le dije "me quedo", sin haber siquiera mirado a mi alrededor para saber dónde y con quién me estaba quedando...

No sé por qué me he acordado de que hoy hace nueve años que conocí a Alberto... No suelo recordar esta fecha... Suelo acordarme del día de su cumpleaños y también del día de su muerte...

Este año también los he recordado pero he conseguido pasar por dichas fechas sin la pesadumbre de otros años. Sin embargo, sabe dios por qué, es éste el día que me ha conmovido... Y eso que no supe que se trataba de este día hasta que ya llevaba más de media hora llorando y hablando con él, recordando momentos, pidiéndole perdón por mi cobardía, por no haber sabido enfrentar mis miedos a tiempo, por no haber confiado en todos estos sentimientos que aún perduran y que me arrastraron durante tantos años hacia él una y otra vez...

Hoy hace nueve años que mi vida cambió para siempre, que se rompió el timón de este barco, que se movieron los cimientos de mi mundo... Y aún no he vuelto a pisar firme desde entonces...

Cuántas cosas habrían cambiado si cuando tres años y seis meses después el destino me puso en el brete de decidir entre la lógica y el corazón me hubiera decantado por el último... Quizás fue aquella la primera vez en mi vida que dejé que mi razón tomara el mando de mis decisiones... Probablemente fue la mayor equivocación de mi vida... Y probablemente esa decisión no sólo cambió mi destino, sino también truncó el suyo...

Pero eso nunca lo sabremos, ¿verdad?

Supongo que lo que conocí hace hoy nueve años sirvió al menos para mostrarme, al menos sólo para mí y para mis más cercano, que en la vida no todo es aquello que vemos; que el amor a primera vista existe, como existe a veces una conexión entre los seres humanos que va más allá de las leyes de la física, como es posible que uno sienta la muerte de un ser profundamente querido mucho antes de tener un conocimiento real de la misma, como es posible que los que amamos nos amen incluso después de muertos...

Quizás algún día sirva para algo haber descubierto todo esto...

Gracias por leer amigos...

lunes 14 de septiembre de 2009

Del exterior al interior

Dice siempre mi psicóloga que el interior se refleja en el exterior y el exterior en el interior. No, aún no he limpiado la casa... Pero, oye, he cambiado la imagen del blog... Por algo se empieza! ¿Os gusta?

domingo 13 de septiembre de 2009

Oportunidad perdida...

Un tópico: Crisis = Oportunidad. Seguro que más de uno ha oído esto alguna vez. Quizás sea el momento de que me lo aplique, ¿no?

Lo cierto es que no sé cómo. Me lo propongo a diario, lo de tomarme esta crisis vital como una oportunidad de cambiar profundamente aquellas cosas que necesito cambiar en mi vida. Lo consigo un día, dos, una semana. Pero luego... Vuelvo a esta apatía. Hoy me ha tocado trabajar desde casa, pero he tenido tiempo suficiente para levantarme del sofá y de la silla para ponerme a hacer algo... Tender la ropa, poner lavadoras, pasar la aspiradora, limpiar el baño... No lo he hecho. No he hecho nada... Y ahora siento esa culpabilidad en el estómago que me recuerda por qué es tan difícil que alguien me soporte...

Pero aún así sigo aquí tirada. Podría estar haciendo algo, al menos la comida para mañana. Sin embargo sigo atrapada en el Facebook, en Series Yonkis, en mirar noticias en los periódicos... En cualquier cosa menos en levantarme y tomar esta oportunidad de cambiar.

Tengo que hacer algo con mi vida. Pero no sé cómo ni de dónde sacar las fuerzas...

viernes 11 de septiembre de 2009

Californication

Sigue acercándose el día: el maldito día de mi 29 cumpleaños. Hoy he enviado las invitaciones a la fiesta. Tupper-sex para ellas y fiesta a continuación para todos. Intenté hacerla lo más graciosa posible, aunque seguro que más de uno pensó que era una auténtica gilipollez de invitación. Es lo que pasa cuando uno intenta esconder su tristeza detrás de chistes fáciles... Creo que es algo que llevo haciendo toda mi vida... Cuando me siento demasiado hundida como para decir que estoy hundida, bromeo con mi propia desgracia... ¿No me creen? Pues echen un vistazo a lo que les he puesto a ellas:
"Hola a todas!

Les escribo porque el próximo día 15 de septiembre dejo de ser oficialmente joven. Al menos eso dicen los cabrones del banco, que ya me han llamado para decirme que mi cuenta joven pasa a ser normal y que ya no tengo descuentos en las comisiones con la tarjeta joven... Ya ven...

Para superarlo creo que necesito algo de... ummm.... sí: sexooo!!! jajajaja. Y como mi novio me ha dejado y eso de irme a la calle a buscar cualquier idiota calenturiento como que no me va ultimamente demasiado... he decidido que hay que buscarse amiguitos!!

Para conseguirlos, el sábado 19 de septiembre he organizado un divertido tupper-sex en mi casa y están todas invitadas. ¡¡¡Sólo para chicas eh!!! Será a partir de las 18 horas, pero pueden venirse un poquito antes para ir entrando en calor con unas cervecitas y estas cosas.

Luego, a partir de las 20 o 21 horas (cuando ya estemos calentitas jajaja) vendrán los hombres para la fiestita que he organizado y que durará hasta más o menos las 12 de la noche. Y luego, si sigue habiendo ganas, que seguro que sí, seguiremos la juerga por ahí para no molestar a los vecinos.

Si pueden confírmenme que pueden venir o no para saber decirle a la chica del maletín rojo (uuuhh) cuántas vamos a ser.

Un besote a todas y espero verlas allí."
Sí, lo sé. Suena frívolo y estúpido... Es en eso en lo que me convierto cuando no quiero que la gente se dé cuenta de lo vulnerable que me siento. Así soy yo.

Ahora mismo acabo de terminar de ver el capítulo piloto de Californication. Supongo que veré otro antes de dormirme, a pesar de que son las dos de la madrugada y de que a las nueve de la mañana tengo una reunión... Soy adicta a las series, eso ya es un hecho. Supongo que ayudan a no pensar. Pero claro, en cuanto se acaban vuelvo a darle vueltas a la cabeza y necesito ver otro capítulo para volver a desconectar. Otro capítulo que vuelve a acabarse y vuelve a dejarme dándole vueltas a la cabeza... y así en un bucle que suele acabar cerca de las seis de la madrugada, hora a la que por puro agotamiento o por insistencia conmigo misma consigo dormirme pensando en lo sola que me siento...

Calofirnication está bien por lo que he visto hasta el momento. Me habían dicho que era una serie demasiado masculina, pero, teniendo en cuenta que a mí me han tachado a menudo de ser también demasiado masculina, supongo que me va, ¿no?

Sobre todo me va porque me siento igual de frustrada que su protagonista... Un escritor que no puede escribir... ¿De qué me suena?

¿Recuerdan? Hace un año... Mentira... Hace un año y dos meses prometí en este mismo blog que en un año justamente, es decir, hace dos meses, tendría terminada la novela en la que llevo ya no sé ni el tiempo empantanada... ¿Cuántas páginas he avanzado desde entonces? Os lo digo: exactamente tres...

Señor... ¿Cómo carajo se salía de esto?

Sé que se sale. Lo he hecho antes. He vivido muchas cosas y siempre he acabado saliendo y encontrándome con épocas maravillosas de mi vida. Pero, ¿por qué siempre olvido cómo se conseguía?

En definitiva, aquí sigue una casi treintañera perdida en divagaciones y en autocompasión... Qué asco doy...

Un abrazo amigos. Nos vamos leyendo.

lunes 7 de septiembre de 2009

29

Dentro de exactamente ocho días dejaré de ser joven... Al menos eso dicen los del banco, que me retiran la tarjeta joven, la cuenta joven y creo que se disponen a hacerme pagar todos los intereses que, según ellos, debo haberme ahorrado estos años.

Y, sabéis qué, aunque me cueste reconocerlo (porque yo siempre voy por ahí de "no me quiero casar" y de "los hombres van y vienen"), lo cierto es que nunca pensé que llegaría sola a los 29 años. O miento. Sí, lo pensé, lo pensé mil veces, pero como uno de esos pensamientos que una tiene en momentos de baja autoestima y cree que jamás va a encontrar a la persona adecuada.

Hoy el pensamiento cobra vida, ya que, a no ser que mi príncipe azul (o violeta, o gris, lo mismo me da ya) aparezca a la vuelta de la esquina en menos de una semana, el próximo día 15 se confirmará el mal presagio...

No sé si decir que eso me asusta... La verdad es que es una tontería absoluta, el amor llega cuando llega, si es que llega... Creo... Pero, no sé, supongo que tengo miedo.

Estas últimas semanas han sido bastante raras, melancólicas, tristes... Me tomé 15 días de vacaciones en el trabajo, aunque no me fui a ninguna parte. Pedí un adelanto de la paga extra y aproveché para cambiar la tarima flotante del piso, que ya vuelve a ser habitable tras un año de vivir entre tablas hinchadas y corroídas por el agua de la inundación que provoqué hace más o menos ese tiempo.

También vino mi ex -no Juan, sino el anterior, buscad para atrás que ya hablé de él el verano pasado-. Le invité a venirse unos días a ver si me subía el ánimo. Y no, no como pensáis. Entre él y yo es imposible que vuelva a haber nada. No sé por qué, pero tras tres años y medio de relación, lo nuestro se convirtió en una bonita amistad y una apacible convivencia... Sin sexo, por supuesto. ¿Por qué pasó? Siempre me lo he preguntado. Es guapo, inteligente, me entiende, me apoya y me respeta como nadie... Pero no me ama. Y yo tampoco a él. Es una pena, sobre todo para mi madre, que aún no lo supera.

El caso es que tampoco me sirvió de mucho que viniera. Esperaba que estuviera más cercano, más cariñoso, que me mimara un poco. Pero no fue así. No sé si es que yo le he idealizado o simplemente que el tiempo y la distancia cambian las relaciones que tenemos con las personas y cuando queremos rescatar del baúl viejos sentimientos (y con esto no me refiero a amor sino a cariño) a veces éste está desentrenado y no surge como nos gustaría.

Justo el día que ya se iba hubo una barbacoa con gente de mi profesión. Y vino Juan, por supuesto. Y ese día me acosté con él... otra vez. Lo peor es que lo teníamos planeado (lo cual no significa que yo lo tuviera meditado, tal y como tuve que explicarle a Fanny al día siguiente). No nos lo habíamos dicho con palabras exactas, pero, vamos, habíamos hablado por teléfono varias veces y no era difícil intuir que él quería y que yo no iba a negarme.

Ni siquiera cambió la cosa con la decisión de mi ex (creo que debería ponerle un nombre para diferenciarle, ¿no? ¿Qué tal Santi? Venga pues ése), Santi, de no irse ese día tal y como estaba previsto, impidió que acabara en la cama con Juan.

Santi se cogió un pedo impresionante, yo tampoco estaba muy fina y no podía conducir. Total que Juan acabó al volante no sé ya ni cómo. Traimos a Santi a casa, pero él con su pedo y sus paranoias se empeñó en que lo llevara a casa de Fanny que yo podía ligar esa noche... Creo que se dio cuenta de que Juan y yo tonteábamos...

Juan vio el campo abierto y no tardó ni diez minutos en besarme después de dejar a Santi en la cama... Ya os imaginaréis cómo acabó la historia... Ni siquiera se quedó a desayunar...

Ayer volvió a llamarme. Estaba de nuevo en la ciudad. Había salido la noche anterior con sus amigos y me quería invitar a una hamburguesa (costumbre de resacas) y luego llevarme a un sitio para darme mi regalo de cumpleaños, pues ya no vuelve hasta octubre por lo menos (o eso dijo...).

Cuando llegó a casa yo estaba en la ducha. Le tiré las llaves por la ventana y volví al baño. Él entró en casa fue al baño, yo estaba terminando de secarme, él entró y... también os lo imagináis, ¿no?

¿Por qué lo hago? ¿Por qué no consigo resistirme? Lo peor es que luego me quedo hecha un trapo, vacía y me hincho a llorar...

Encima, esta vez fue tan dulce, tan despacio, tan...

Al terminar nos vestimos y nos fuimos a comer. Mientras terminábamos la hamburguesa lo llamaron de la peluquería porque tenían un hueco. Quedó en llamarme al salir. A las cinco no había llamado y lo hice yo. Se había olvidado de que quería darme mi regalo...

Le dije que lo dejara, que daba igual... Pero al final insistió en venir a buscarme. Me llevó a una tienda de muebles cerca de casa. Quería que eligiera una lámpara. Pero en esa tienda no hay lámparas. Luego dijo de ir a Ikea, pero yo no tenía ánimos... Acababa de enterarme que a mi madre la han despedido...

Le pedí que me acompañara a tomar una cerveza y estuvimos hablando. Le estuve contando cómo me siento, que últimamente tengo ganas de llorar todo el tiempo, que no me encuentro a mí misma, que no sé por dónde tirar ni cómo salir de este estado, que lo que necesito es volver a terapia pero no me alcanza el sueldo para pagarlo y la seguridad social tarda meses en darte una cita...

Lloré y le expliqué mi teoría de los cinco pilares. Creo que no os la he contado nunca. En realidad no es mía del todo, surge de las cosas que me decía mi psicóloga cuando iba a terapia. Ella siempre hablaba que todo ser humano necesita una serie de pilares psicológicos para estar estable y que si estos se caen es muy difícil que nuestro edificio se mantenga en pie. Yo tengo la teoría de que esos pilares son cinco, aunque no sé si son los pilares que necesita todo el mundo o sólo los que necesito yo: la salud, la familia, el trabajo, los amigos y el amor.

Con cinco pilares se es una persona sólida estable y hasta feliz. Con sólo cuatro de ellos uno no es totalmente feliz y estable (si es que eso existe) pero puede sostenerse muy bien. Con tres se tambaléa un poco, pero aguanta. Con dos (depende de dónde estén colocados) uno puede mantenerse en pie pero al más mínimo golpe de aire se viene abajo. Con uno está totalmente hundido.

Yo en este momento puede decirse que tengo sólo dos pilares y uno de ellos no es todo lo consistente que me gustaría. El amor ya sabéis cómo va. La única familia que tengo es mi madre que vive a miles de kilómetros y que me hace caso cuando puede y se acuerda. De mi trabajo creo que ya sabéis bastante (mi jefe es un hijo de perra, cobro una mierda y ni siquiera termina de gustarme lo que hago). Así que me queda la salud y los amigos, y éstos últimos por momentos. Por ejemplo, con Fanny he decidido que nos demos un tiempo porque empiezo a no soportar sus intentos de monopolizarme. Con el resto muy bien, pero bueno, que como he dicho, con sólo dos pilares basta un golpe de viento para caerme.

Todo este rollo patatero se lo expliqué a Juan. Creo que lo entendió, aunque no lo sé. Finalmente acabé diciéndole que estoy demasiado débil para decirle que no cuando viene buscando sexo a mi casa. Que estoy tan necesitada de cariño y tan estúpidamente enamorada de él que no puedo evitar rendirme cuando intenta besarme, a pesar de saber que según sale por la puerta no puedo parar de llorar. Creo que también lo entendió y me aseguró que no volvería a hacerlo. Y eso también dolió y me hizo llorar, pero supongo que es lo mejor...

En cualquier caso y en definitiva, aquí estoy, a punto de cumplir los 29 años siendo un edificio prácticamente en ruinas que no sé por dónde ni cómo comenzar a reconstruir...

Y soy tan ingenua, tan tonta, tan estúpidamente romántica, que acabo de ver una ñoña comedia romántica de chica traumatizada y rebelde que se enamora de tipo duro pero con corazón tierno y el amor vence al final; y no he podido evitar pensar que quizás algún día yo también lo encuentre...

Y sí, ya sé que me diréis que sí, que claro que lo encontraré. Pero, ¿y si no? ¿Cuándo tendré que empezar a darme por vencida y a asumir que no será así? ¿A los 30, a los 35, a los 40, a los 60? ¿Nunca? ¿Seré capaz de vivir amargada y sola esperando a que un día mi caballero aparezca montado a caballo para rescatarme de la soledad?

Sí, estoy hecha una ñoña...

Gracias por leer, amigos.

lunes 10 de agosto de 2009

Memoria

Dentro de una tarjeta con la foto de Copito de Nieve en la portada: "Feliz día, petarda. Como ya no quieres cumplir más años espero que cumplas muchiiiiiisimos 24 años más, y que yo los pase a tu lado. Te quiero"... Ya van tres cumpleaños sin verle...

En una tarjeta impresa con diseño propio. En la portada, fotos de Susana, Iballa y mía, y el texto: "Porque la Semana Santa es una cosa sagrada... Santifiquemos las fiestas... Just our imagination IV (vuelve el alcoholismo)". Debajo: "Cuando recuerdo los viejos tiempos...". Y Dentro, en tinta violeta y letra de ordenador:

"Recuerdo el tiempo en que podía ofrecerles cajas de cerveza y casas con piscina. Recuerdo que entonces mi prioridad era la risa, mi mayor problema, el corazón, y mi aliado, el dinero, que creía que estaría siempre, que creía indispensable, que a veces usé para comprar amor y amistad. Hoy, han pasado los años y no lo han hecho en vano. El dinero ha dejado de ser un aliado para convertirse en un enemigo deseado y detestado al mismo tiempo. El amor ha dejado de doler y el corazón ha logrado descansar en el sosiego de unos brazos conciliadores. Y la risa... ¡Siempre nos quedará la risa!

Las cosas cambian, los años pasan, el amor se acaba, pero es agradable abrir los ojos y descubrir que hay algo que no cambia, que no pasa, que no acaba... Ése algo sois vosotras, es vuestra amistad, es ese cariño que en los momentos clave de mi vida me ha hecho tanta falta y tanto bien.

Como digo, el tiempo pasa, las cosas cambian y hoy ya no puedo ofrecerles cajas de cerveza ni casas con piscina. Hoy sólo tengo un sofá-cama en una esquina y mucha buena voluntad. Sin embargo, aquí estáis, seguís estando a mi lado a pesar de los pesares. Y eso... Eso me llena de vida, de satisfacción, de agradecimiento... Porque hoy, más que nunca, me doy cuenta de que vuestra amistad, como siempre supe, es de la buena, de la sincera, de esa que, como el amor, ni se compra ni se vende.

Sólo espero ser para vosotras al menos la mitad de importante y necesaria de lo que vosotras, mis soles de canarias, sois mara para mí. Espero ser capaz de devolverles algún día todo lo que vosotras me habéis dado desde que os conozco; aunque ésta se me antoja una hazaña casi inalcanzable; porque tanto cariño, tanta comprensión, tanta perseverancia, es muy difícil de igualar en una sola vida...

Por todo ello, gracias, mil millones de gracias por estar aquí, a mi lado, un año más... Espero que esta semana sea, como todas, una semana inolvidable y espero que sigáis contando conmigo para lo bueno y para lo malo. No hay felicidad para mí mayor que veros felices y veros cerca de mí... aunque muchas veces la cercanía sólo pueda ser de corazón...

Buenvenidas a vuestra casa y disfruten de la Semana Santa IV. Os quiero. Judi"

Fue la última Semana Santa que pasamos juntas. Aunque cada uno de los sentimientos siguen intactos.

En una vieja libreta, una dedicatoria ensayada para Dani:

"Quizás no haya tenido el tiempo suficiente para conocerte de verdad, pero soy una persona lo suficientemente osada para tener el atrevimiento de regalarte unas palabras de aliento en este día que cada año se hace menos agradable y especial.

Cuando éramos pequeños y parecía que el tiempo no terminaba depasar, deseábamos con fuerza que el futuro llegase lo más rápido posible. Hoy, que ese futuro llegó a nosotros y que amenaza con convertirse en pasado, nos aferramos al presente deseando que nunca desaparezca. Nos equivocábamos entonces tanto como ahora. Pues, si en aquellos años nos perdimos cosas de niños por nuestro empeño en ser adultos, cosas que no podremos recuperar; hoy corremos el riesgo de perdernos las cosas nuevas que cada edad nos ofrece, por nuestro empeño en seguir siendo jóvenes y bellos, por nuestro miedo al desconocido dolor del mañana.

No pierdas el tiempo añorando el ayer, ni dejes de disfrutar cada segundo del hoy, pero prepara una gran sonrisa para recibir los regalos del mañana. Y no le temas a los golpes que llegan con los años, pues éstos sólo moldean nuestra alma, haciéndonos personas más fuertes.

La belleza física no desparece, tan sólo se disuelve, se nos mete por los poros con cada vivencia, y se convierte en belleza del alma.

Muchas felicidades por ser una año más guapo por dentro."

Hoy está en París disfrutando del amor, de la vida y de los sueños.

En un trozo de papel doblado en cuatro partes. Por fuera, en la primera doblez: "No es propaganda, así que no lo tires. Cógelo y léelo". Dentro. "Hola, ¿cómo estás? Espero que bien. Te mandé un mensajito, pero con el móvil no puedo escribir tan rápido como con el boli. Siento mucho lo del otro día. Ya sabes, la bobería, pero es que estoy nerviosa por los exámenes. Supongo que todo te va bien. Bueno, más o menos, porque si no ya habría recibido noticias tuyas. Bueno, a ver si te veo y hablamos un rato. Chao. PD: Imagínate si llego a escribir todo esto con el móvil, en estos momentos tendría el dedo escayolado. De todas formas, el propio nombre indica "mensaje", no testamento. Iballa". Lo dejó en el parabrisas de mi coche una tarde por fuera de la facultad. No me acuerdo por qué se disculpaba, pero obviamente la perdoné.

En una tarjeta amarilleada por el tiempo: "Te quiero muchísimo Judi, lo digo de verdad. Feliz Navidad y próspero año. Papá". No recuerdo cuando me la dio. Hace cinco años que no le veo.

Abrir cajas viejas siempre nos llena de recuerdos buenos y malos. Al final una acaba llena de polvo y con la cara manchada por las lágrimas.

Y sin terminar de ordenarlo todo, claro...

Mil besos, amigos. Gracias por leer.