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Mostrando las entradas etiquetadas como Pasado

7 años, 8 meses y 5 días... 

2.805 días lejos de estas líneas. Y tantas historias sin contar. Tanta gente de menos y tanta de más... Tanto amor y tanto dolor...  Hoy soy 7 años, ocho meses y cinco días más vieja, pero no sé si más sabia. Es curioso regresar a este diario público para reencontrarme con el camino que abandoné hace tanto y decidir empezar de nuevo a recorrerlo, asumiendo su lapsus e incorporando a él todo lo que ese lapsus ha traído consigo, dejado en mí, mudado de mí y arrebatado de mí. Demasiadas cosas quizás para un primer post, demasiadas para un regresar... Si es que regreso y no solo paso por aquí... Dejemos de momento esbozado tan solo un pequeño balance de pérdidas y ganancias de estos 2.805 días: He ganado un marido  Con él gané una hija que, aunque no parí, duele como propia y, en eso, no siempre estoy segura de ganar o perder  Perdí a un padre al que daba por perdido tras tan solo un mes desde que le había recuperado  Gané dos hermanos que me habían tenido ausent...

Nueve años

Los fantasmas, la telepatía, los presentimientos, el amor a primera vista... Son esas cosas en las que la mayoría de la gente dice no creer, incluida yo. Yo misma niego la mayor al hablar de todos estos extraños fenómenos con desconocidos. Lo hago a pesar de tener la absoluta constancia de que son reales... Hoy hace nueve años que descubrí uno de ellos: el flechazo, el amor a primera vista. Hoy hace nueve años que se abrió ante mí aquella puerta blanca con el pomo dorado y surgió detrás de ella aquella sonrisa brillante, aquellos ojos hipnóticos, aquella luz que lo inundó todo... Hoy hace nueve años que sentí que me daba un vuelco el corazón... Nueve años desde que le miré a los ojos y le dije "me quedo", sin haber siquiera mirado a mi alrededor para saber dónde y con quién me estaba quedando... No sé por qué me he acordado de que hoy hace nueve años que conocí a Alberto... No suelo recordar esta fecha... Suelo acordarme del día de su cumpleaños y también del día de su muerte...

Memoria

Dentro de una tarjeta con la foto de Copito de Nieve en la portada: "Feliz día, petarda. Como ya no quieres cumplir más años espero que cumplas muchiiiiiisimos 24 años más, y que yo los pase a tu lado. Te quiero" ... Ya van tres cumpleaños sin verle... En una tarjeta impresa con diseño propio. En la portada, fotos de Susana, Iballa y mía, y el texto: "Porque la Semana Santa es una cosa sagrada... Santifiquemos las fiestas... Just our imagination IV (vuelve el alcoholismo)". Debajo: "Cuando recuerdo los viejos tiempos...". Y Dentro, en tinta violeta y letra de ordenador: "Recuerdo el tiempo en que podía ofrecerles cajas de cerveza y casas con piscina. Recuerdo que entonces mi prioridad era la risa, mi mayor problema, el corazón, y mi aliado, el dinero, que creía que estaría siempre, que creía indispensable, que a veces usé para comprar amor y amistad. Hoy, han pasado los años y no lo han hecho en vano. El dinero ha dejado de ser un aliado para conver...

Peor que quinceañera...

Sí. Seguramente sigo siendo una quinceañera, como me han comentado por ahí. De no ser así, no volvería continuamente a aferrarme a aquellos mismos pensamientos que me obsesionaban cuando tenía esa edad: la cuchilla brillante en la muñeca, un tajo firme y largo y adiós al sufrimiento. Sin embargo ya no tengo la misma impulsividad de entonces para hacerlo. Sin embargo me paro a pensar en lo que pensarán de mí todos los que me conocen por mi profesión y todo lo que se diría de mí si lo hiciera, y me pregunto por qué no acabaría la faena cuando tuve la oportunidad de hacerlo sin ser nadie para nadie... Trastorno de personalidad mixto con tendencias autolíticas... Esa soy yo según el único diagnóstico coherente que me han hecho en la vida. Pero sin tecnicismos, lo que soy es una mujer absolutamente sola en el mundo, sin un sólo lazo de amor real con este mundo, sin nada firme a lo que agarrarme. Quizás por eso, en el fondo de mí misma quería estar embarazada. A pesar de las dificultades, de...

Santa noche pagana

Aquí estoy, con mi botella de ron, mi cocacola, mi hielo... Lista para una de las noches que más especiales he sentido en mi vida: La noche de San Juan, la noche de las brujas... Las brujas como yo... Es una broma que me gusta creerme. Eso de que soy un poco bruja, porque a veces siento el destino, porque a veces sé las cosas que van a pasar antes de que pasen... Eso sí, siempre he sido una bruja tonta incapaz de creerse sus propias predicciones y que no logra anticiparse a los acontecimientos como tales poderes me permitirían... Supongo que no soy muy buena bruja. Eso sí, esta noche haré mi aquelarre. Aunque sea prácticamente en solitario. Es curioso. Hace un año por estas fechas estaba a unos miles de kilómetros de aquí, en esa señorial ciudad que quiero y odio por igual. Por entonces, a esta hora, mi teléfono no paraba de sonar. Todos mis amigos me llamaban para decirme que me echaban de menos, que estaban en la playa quemando hogueras de San Juan, cantando, bebiendo, comiendo... Y ...

La señal

No sé si el destino existe, ni si existen las señales o los avisos del destino. Pero si existen lo de esta noche, sin duda, lo ha sido. Una señal enorme con luces de neón que reza en grande un mensaje muy claro: PARA. Primero, la romería, y aquel sentimiento de inferioridad, de verme en un lugar en el que no pinto nada y en el que no me apetece estar, con la única cosa en la cabeza de: “en cuanto esto acabe llamo a TS”. Luego su indiferencia al teléfono. Luego, el sentimiento de soledad y de “¿qué hago yo aquí?”. Y cogí el coche, con todo lo que había bebido, y me volví a la ciudad. Pero, en vez de irme a casa a dormir y olvidar, que es siempre la mejor terapia, decidí salir. Y decidí hacerlo con Eusebio y su mujer. Y ya sabía desde que iba saliendo que iba a volver a caer en el desastre. Y lo hice. Me tomé la primera raya de coca. Y ya sabía que esta vez no iba a ser como las caídas anteriores. Lo sabía y aún así no paré. Sabía que esta vez no iba a ser una y me olvidar...

Relax

¡Ay, qué relax! Tengo la casa hecha un desastre, pero me da igual. Son las doce y media de la noche y me acabo de despertar... ¡Qué maravilla! Cómo necesitaba un día así... Eso sí, me las voy a ver crudas para dejar este apartamento en condiciones antes del domingo, como era mi intención, para irme a mi pueblo. Pero, como se suele decir en estos casos, que me quiten lo bailao . Lo de anoche fue genial, la verdad. Pero os cuento desde el principio. Ayer (el jueves), tras tirarme todo el día vagueando, conseguí finalmente decidirme a arreglarme para salir de casa. Pasé por la oficina de mi contacto para recoger unos documentos y luego me fui a la oficina, a dejar cerrado el tema antes de irnos todos a cenar como habíamos quedado. Cuando llegué TS ya se había ido, como la mayoría. Juan me contó que finalmente sólo íbamos a ser seis: Nora, Arón, Lidia, TS, él y yo. Se habían rajado Miriam, Fito, Yovanka y Aitor. Pero a los pocos minutos de estar en la oficina me llamó TS. Yo estaba a punto...

Vacaciones

Primer día de vacaciones... ¡Qué gusto! Son casi las cuatro de la tarde y me acabo de levantar. ¡Cómo lo necesitaba! Eso sí, me he levantado aún molida, supongo que porque me he tirado toda la noche nadando entre un sueño extraño y angustioso. No tiene sentido alguno, en principio. No aparecía yo, ni nadie. Eran simplemente imágenes que se superponían, como trozos de fotografías digitales o de gifts en movimiento, más bien, que mostraban pedazos de mar que trataban de encajar para formar un mar entero en movimiento. Yo trataba de encajarlas, pero mentalmente o algo así. Al final del sueño casi lo había logrado y las olas fluían de forma homogénea, excepto por dos trozos. Había una banda de imagen vertical a la derecha que era de otro color y fluía en otra dirección y, junto a esta, un cuadrado pequeño en la parte inferior, a su izquierda, que también era de otro color y fluía hacia arriba. Justo antes de despertarme casi había logrado encajar la banda de la derecha, pero quedaba el cua...

El agridulce del regreso fugaz

Siempre que vuelvo a un lugar y tengo que reencontrarme con gente a la que hace mucho que no veo se me pone un nudo en el estómago. Me da por pensar en cómo me verán y me obsesiona que sea mejor que cuando me fui. Al principio pensaba que esto sólo me pasaba con mi pueblo. Y entraba dentro de la lógica. Hace ya diez años que salí de mi pueblo y lo hice odiando y siendo odiada... sobre todo por mí misma. Estos diez años han sido un camino hacia el reencuentro conmigo misma. Un camino que ha costado mucho atravesar. En su travesía hubo momentos de retorno y siempre me obsesionaba que al encontrarme con personas de mi pasado éstas me vieran mejor que la vez anterior, que me vieran bien, sonriente, guapa, feliz. Pero luego llegó el regreso a la ciudad universitaria en la que cursé mi primera carrera, después de haberme trasladado a Madrid para estudiar la segunda. Y entonces volvía a pasarme. Quería que mis antiguos compañeros de facultad y de fiestas me vieran siempre mejor. Después llegó...