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Mostrando las entradas etiquetadas como Miedo

¿Estoy somatizando?

Aquí sigo amigos, con mi angustia. Después de estrujarme la cabeza, mirar calendarios, comparar fechas y hacer muchas cábalas, he llegado a la conclusión de que la menstruación no me toca hasta mediados o finales de esta semana (si no me equivoco...). Así que, por ese lado, supongo que debería estar más tranquila y pensar que me estoy obsesionando porque hacía mucho que no cometía una locura y porque últimamente para mí cualquier cosa es motivo de estrés. Sin embargo, aunque eso sea lo que me dice la cabeza, el cuerpo y las sensaciones me dicen otra muy distinta. Vamos, me lanzan un mensaje en letras gigantes que va a hacer que me estalle la cabeza: ESTÁS EMBARAZADA!!! Los pechos se me han relajado un poco y ya parece que no están tan hinchados. Sin embargo han empezado otros síntomas extraños. Empezaré por el principio y de forma cronológica. El domingo día 19 de agosto me acosté con Juan como ya os conté. El martes comencé a sentir los pechos hinchados y los pezones muy muy duros y s...

La incertidumbre...

¿Síntomas de embarazo? Aumento de tamaño mamario - Sí. Y me duelen los pezones cuando me rozo con algo. Cansancio y sueño - Sí. Aunque también es verdad que duermo poco... Pequeño sangrado vaginal - No, eso no. Náuseas y vómitos - No. Pero yo rara vez he vomitado en mi vida... Mayor percepción de olores - Uff, sí. Y tanto... Los últimos días cuando he llegado a la oficina he tenido que cerrar la ventana porque el olor de la comida de los vecinos (que siempre se nota en ese zulo que tengo por oficina) me estaba provocando un asco increíble. Cuando lo comenté, los compañeros me miraron con cara de loca... Apetencia o repulsión de ciertos alimentos - Sí. Sobre todo repulsión. Casi todo lo que me ofrecen o veo para comer, me da asco... Disminución de la tensión arterial - Creo que sí. Cuando se me baja la tensión suelo ver puntitos de colores por todos lados y ya me ha pasado dos veces esta semana. Mareos y desmayos - Sí, dos o tres veces al día me mareo. Desmayos no. Aumento de la ...

Perdida

Sí, así me siento. Perdida. Y no sólo porque esté enganchada a la serie que ahora retrasmite Cuatro, que también. Me siento perdida y, como le decía el otro día a Juan, me siento estancada. Ésa es la palabra. Siento que todo en mi vida está en un stand by que no sé cuanto tiempo durará. El trabajo -el mayor de mis tormentos- pende de un fino hilo y me siento como una acróbata andando por una cuerda floja que se tambaléa sin parar. De momento estoy de baja. Baja por estrés. Nunca había cogido una de estas famosas bajas que, valga la redundancia, tan mala fama tienen. Pero creo que no me ha quedado otra opción. Las relaciones con mi jefe han llegado a un punto de no retorno. No nos soportamos: es un hecho. Yo no aguanto su absoluta incompetencia, su cara dura, su vagancia y, mucho menos, su prepotencia y sus malos modos heredados de un padre militar. "Es una orden", "aquí mando yo", "tú te callas la boca y haces lo que yo diga", "las cosas se harán com...

Época de incertidumbres y temores varios...

Creo que estoy viviendo uno de los momentos de mayor incertidumbre de toda mi vida. Es curioso, con la cantidad de cosas que me han pasado en la vida, ¿no? En los últimos ocho años he vivido en cinco ciudades diferentes de toda España. He trabajado en cervecerías, pubs, restaurantes, hamburgueserías… He sido acomodadora en un cine, he vendido seguros, he vendido máquinas para pulir el suelo (bueno, lo intenté, pero no vendí ni una)… Todo eso para llegar a ser quien soy. Todo eso para poderme pagar los estudios y terminar, al fin, trabajando con todos los derechos en la profesión que ha sido mi sueño desde que me acerqué a ella hace hoy ocho años. En ella he pasado por toda clase de empresas, de departamentos, de jefes, de compañeros. Hasta que, por fin, llegué aquí, a esta empresa. Y hasta hace a penas unos meses no podía creerme la suerte que tenía. Unos compañeros formidables que han acabado convirtiéndose en amigos. Unos jefes que jamás pensé que podrían existir, a los que me he dad...

La señal

No sé si el destino existe, ni si existen las señales o los avisos del destino. Pero si existen lo de esta noche, sin duda, lo ha sido. Una señal enorme con luces de neón que reza en grande un mensaje muy claro: PARA. Primero, la romería, y aquel sentimiento de inferioridad, de verme en un lugar en el que no pinto nada y en el que no me apetece estar, con la única cosa en la cabeza de: “en cuanto esto acabe llamo a TS”. Luego su indiferencia al teléfono. Luego, el sentimiento de soledad y de “¿qué hago yo aquí?”. Y cogí el coche, con todo lo que había bebido, y me volví a la ciudad. Pero, en vez de irme a casa a dormir y olvidar, que es siempre la mejor terapia, decidí salir. Y decidí hacerlo con Eusebio y su mujer. Y ya sabía desde que iba saliendo que iba a volver a caer en el desastre. Y lo hice. Me tomé la primera raya de coca. Y ya sabía que esta vez no iba a ser como las caídas anteriores. Lo sabía y aún así no paré. Sabía que esta vez no iba a ser una y me olvidar...

El agridulce del regreso fugaz

Siempre que vuelvo a un lugar y tengo que reencontrarme con gente a la que hace mucho que no veo se me pone un nudo en el estómago. Me da por pensar en cómo me verán y me obsesiona que sea mejor que cuando me fui. Al principio pensaba que esto sólo me pasaba con mi pueblo. Y entraba dentro de la lógica. Hace ya diez años que salí de mi pueblo y lo hice odiando y siendo odiada... sobre todo por mí misma. Estos diez años han sido un camino hacia el reencuentro conmigo misma. Un camino que ha costado mucho atravesar. En su travesía hubo momentos de retorno y siempre me obsesionaba que al encontrarme con personas de mi pasado éstas me vieran mejor que la vez anterior, que me vieran bien, sonriente, guapa, feliz. Pero luego llegó el regreso a la ciudad universitaria en la que cursé mi primera carrera, después de haberme trasladado a Madrid para estudiar la segunda. Y entonces volvía a pasarme. Quería que mis antiguos compañeros de facultad y de fiestas me vieran siempre mejor. Después llegó...

¿Enganchados?

¡Él también está enganchado! Eso ha dicho, ¿no? Que está enganchado. Si no sería incomprensible que me llame a la una y media de la mañana para contarme lo bonitas que son las estrellas en su pueblo. Le he dicho que viniera y me ha dicho que estoy enganchada, le he llamado prepotente y me ha dicho que no, que él también está enganchado... ¿Estamos enganchados? Dios mío. Luego le he recordado la cena de mañana y me ha dicho que no podría, que el viernes. Le he dicho que no, que el viernes salgo con mis amigos. Luego que el sábado y le he recordado que ya estaré de viaje. Entonces me ha explicado por qué mañana no puede. Al final la cosa ha quedado entre un "almuerzo" rápido mañana a medio día, vernos después de su cena o... que las dos semanas que voy a pasar fuera decidan sobre nosotros... ¡Dios mío! ¡Enganchados! No, no, no puede ser, no puede ser...

Un 3/4A-4C de la 4º raza

¿Cómo me he podido dejar arrastrar de esta manera? Pero, claro, ¿quién me iba a decir a mí que me iba a encontrar con esto? ¿Quién me iba a decir a mí que TS iba a ser justo de la cuarta raza ? Sí, justo, la más desalentadoramente imposible de todas. Y para colmo es un especimen 3/4A-4C de la cuarta raza , la fórmula perfecta para volverme loca y perder el corazón en el camino. No entendéis nada, ¿verdad? Me explico. En el mundo existen tres razas habituales de hombre para mi edad: 1. Los casados infieles 2. Los novios infieles (en realidad podrían incluirse en la misma categoría, pero tienen sus matices, créanme, los segundos suelen ser más depravados que los primeros aunque no lo creáis) y 3. Los tarados (léase por tarados todos los feos, bajitos, simples, engreídos, o locos de remate -estos últimos son los más abundantes de esta raza-). Luego, en menor abundancia están la cuarta y la quinta raza (ordenadas por número de especímenes vivos). TS pertenece a la cuarta, también conocida...

Cuando quieres ser un avestruz...

Dicen que el amor mueve el mundo. Si así fuera, los días hoy por hoy, en vez de veinticuatro, tendrían al menos cien horas. El amor está desvirtuado en estos días. Estar enamorado se ha convertido en un síntoma de debilidad, sobre todo para las mujeres que pretenden hacerse valer como personas. Es inevitable. El hecho de que los demás puedan saber que se nos mueve un músculo debajo del pecho, nos hace sentir más vulnerables. Todos nuestros miedos salen a flote y nos sentimos pequeñas y desprotegidas. Nos sentimos observadas y ridículas. Y más aún cuando el destinatario de nuestro enamoramiento es una persona que parece estar muy lejos de nuestro alcance. Así me sentí anoche: pequeña y ridícula. ¿Cómo se me pudo ocurrir proponerle abiertamente al Turichuli (así le llamaré) que se viniera conmigo a casa? Sobre todo sabiendo que su novia le esperaba dormidita en casa. Y lo peor es que no me di cuenta de la tontería que estaba haciendo hasta que me rechazó. Eso me pasa por encapricharme co...