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¿A él o al amor?

Le echo de menos. O eso creo. No sé si le echo de menos a él o simplemente echo de menos las sensaciones que él me produce: el cosquilleo en el estómago, la ilusión de escucharle decirme un piropo, la excitación de nuestras miradas furtivas, el morbo de hablar abiertamente de nosotros sin que nadie sepa que lo estamos haciendo realmente... Todo eso que ha sido en las últimas semanas nuestra relación. Pero todo eso ha acabado. Cuando regrese es probable que un muro de frialdad se haya instalado entre la pantalla de su ordenador y la mía. Tan cerca y tan lejos. Es probable y también deseable para la estabilidad de mis emociones, lo sé. Pero no puedo evitar recordar de un modo entrañable y a la vez angustioso todos los sentimientos que llegó a provocarme en tan sólo unos días. ¿Es él realmente quien me provoca todo eso? ¿No será mi sentimiento de soledad clamando por emociones? Hace tanto que no siento de verdad... Con él podía haber llegado a hacerlo, pero no hubo tiempo... A penas empec...

Adicta a mi vida

Esto de estar a 2.000 kilómetros de distancia, de nuevo en esta sobria y señorial ciudad, me está haciendo sentir de un modo muy extraño. Ya sólo quedan un par de días para volver. El próximo viernes estaré aterrizando en mi adorada ciudad con mar. Sin embargo, tengo la extraña (y quizás estúpida) sensación de que a mi vuelta tampoco va a ser nada como antes... Es una tontería pensar así, cuando tan sólo habré estado fuera dos semanas. Pero, me siento tan ridícula. No sé por qué me ha invadido este sentimiento de ridiculez absoluta, pero lo cierto es que así me siento: ridícula. El hecho de no haber desconectado casi ningún día del trabajo, de haber llamado continuamente o de haberme conectado por el skype con la oficina cada dos por tres, me hace sentir ahora como una idiota. No puedo quitarme de la cabeza la idea de que deben haberse dado cuenta de que no tengo más vida que esas cuatro paredes, de que todo mi mundo gira alrededor de mi trabajo, mis compañeros de trabajo, los amigos y...

El agridulce del regreso fugaz

Siempre que vuelvo a un lugar y tengo que reencontrarme con gente a la que hace mucho que no veo se me pone un nudo en el estómago. Me da por pensar en cómo me verán y me obsesiona que sea mejor que cuando me fui. Al principio pensaba que esto sólo me pasaba con mi pueblo. Y entraba dentro de la lógica. Hace ya diez años que salí de mi pueblo y lo hice odiando y siendo odiada... sobre todo por mí misma. Estos diez años han sido un camino hacia el reencuentro conmigo misma. Un camino que ha costado mucho atravesar. En su travesía hubo momentos de retorno y siempre me obsesionaba que al encontrarme con personas de mi pasado éstas me vieran mejor que la vez anterior, que me vieran bien, sonriente, guapa, feliz. Pero luego llegó el regreso a la ciudad universitaria en la que cursé mi primera carrera, después de haberme trasladado a Madrid para estudiar la segunda. Y entonces volvía a pasarme. Quería que mis antiguos compañeros de facultad y de fiestas me vieran siempre mejor. Después llegó...

¿Un impulso?

Anoche me llamó TS. Ayer fue el único día desde que llegué que no le llamé y lo hizo él, a las 2.30 de la madrugada. Estuve fría con él. Me llamó para preguntarme la dirección de mi casa porque se iba a quedar en ella una compañera. Se la di. Luego me contó que habían salido todos los de la oficina, incluido el director, que había una juerga estupenda por las fiestas de la ciudad y que se me echaba de menos por allí. "Se te echa de menos por aquí, se comenta", dijo con su particular forma de hablar. Me hizo mucha gracia el acento vasco que se le pone borracho. No me había dado cuenta hasta anoche. Supongo que porque es la primera vez que le escucho hablar borracho sin estarlo yo. Me preguntó si estaba durmiendo sola o acompañada. "Acompañada", mentí. ¿Por qué mentí? No lo sé. Me salió solo. Supongo que por fastidiar. No sé. Luego me dijo que lo sentía. Supuse que por llamar a esas horas y contesté: "no pasa nada". Entonces especificó: "no, que lo sien...

Demasiado, pero con una sonrisa...

Son demasiadas las cosas que me rondan la cabeza. Por eso no he escrito hasta ahora, porque no sé cuál de mis inquietudes contaros. ¿Os cuento que TS sigue decepcionándome aún en la distancia? ¿Que entre mi ex y yo no queda más que una maravillosa amistad por mucho que yo quiera empeñarme en lo contrario? ¿O que mi mejor amiga me agobia y me aterra la idea de irme con ella de vacaciones? ¿O que soy adicta al trabajo y he sido incapaz de desconectar un sólo día de la oficina a pesar de estar a 2.000 kilómetros? Pues sí, TS sigue decepcionándome: no ha sido capaz de acercarse a casa a ver cómo estaba Lolita (mi gata), a pesar de que le pedí por favor que lo hiciera porque no confiaba en que Fanny lo hubiera hecho. Y encima no he parado de llamarle. Por ese motivo, no por otro. Pero no he parado de llamarle desde que llegué y debe pensar que es porque estoy loca por él. Y me aterra volver y enfrentarme a su indiferencia o tratar de fingir la mía (no, no, fingir no, me ha dicho mi psicólog...

No soy yo demasiado de enfadarme

No. No sirvo para enfadarme. Yo no puedo ser tan dura con la gente como Fanny. Sólo cuando alguien me demuestra que realmente ha actuado de mala fe, con malos sentimientos, sólo entonces soy capaz de alejarme completamente de esa persona. Pero no es el caso. Ella piensa que soy demasiado blanda, yo que ella es demasiado dura. Aunque no se lo he dicho. El caso es que no puedo enfadarme con tanta dureza con TS como ella espera de mí. Sí, me ha hecho daño. Mucho daño. Me ha hecho sentir una mierda. Pero no considero que lo haya hecho intencionadamente. Es cierto que no se ha parado ni por un segundo a valorar mis sentimientos. Es cierto que ha sido egoísta y que ha actuado como un crío inmaduro. Pero no considero que sea mala persona. Creo que las acciones no se pueden valorar aisladas de su contexto, que cada actuación forma parte de un todo y que, en este caso, algo también ha tenido que ver mi manía por esconderme, por presentarme al mundo como una mujer fría, frívola y práctica. Una ...

Decepcionada

Me voy. Gracias al cielo que me voy. Necesito irme. Lo cierto es que todo esto ha ocurrido en el mejor momento posible. ¡Qué duro sería tener que ir a trabajar mañana después de todo lo ocurrido este fin de semana! ¡Cómo ha conseguido decepcionarme! ¿Qué le costaba tomarse un café conmigo ayer? ¿Qué le costaba llamarme para tener una charla o llevarme hoy al aeropuerto? No. Él ha preferido esconderse, huir de cualquier conversación que pueda poner en el brete a su conciencia. Ha preferido poner en peligro nuestra amistad. Ahora me voy y así van a quedar las cosas, con este mal sabor de boca. Y sé que a mi vuelta ya nada volverá a ser lo mismo. Porque yo ya no puedo aceptar que sea lo mismo. Todo podía haber quedado en una pequeña decepción fruto de mi inconsciencia o de mi vulnerabilidad. Podía haber quedado en que la culpa es mía por enamorarme a destiempo de quien no debo, a pesar de haber tenido claro desde el principio su posición y su postura. Habría quedado así si ayer cuando le ...